viernes, 16 de enero de 2015

Atrevámonos

¡Hola y bienvenidos al camino de los sueños!

Esta mañana, como muchas otras, he estado hablando con mi amiga Anna. La conversación ha empezado con la típica queja matutina del frío invernal y el sueño que no nos abandona, ni siquiera después del café. La cuestión es que de un sueño -el de las legañas y las ojeras- hemos pasado a hablar de otro sueño -el que te mueve a alcanzar tus metas- y ha desembocado en una conversación tan llena de motivación y creatividad, que he decidido escribir sobre ello; porque, al fin y al cabo, es la manera que los soñadores encontramos para expresar lo que nos mueve por dentro.

Yo sostenía mi argumento, el que ya conocéis si me habéis leído antes: los sueños lo pueden todo, y si crees en ellos; si crees en la fuerza que reside en tu corazón, eres imparable. Nadie puede parar la magia de un sueño; nadie puede decirte que no puedes hacerlo, ni tan solo tú mismo, pero depende de tu capacidad de tu auto-convicción y tu empeño que el camino empiece a dibujarse ante tus ojos.
Solo tú tienes el poder de crear; solo tú tienes el lápiz que te conducirá a tus metas, a todo lo que siempre has soñado, pero está en tu mano trazar el camino, dibujar cada piedra para seguir avanzando, o tirar la toalla y romperlo, desdibujando la lucha que cargabas a tus espaldas; borrando los bordes del camino que enmarcaba un sueño.

A todo esto, Anna no hacía más que asentir, añadiendo a mi sermón que no es justo darse por vencido ante la primera adversidad que aparezca en ese camino, que por muy difícil que parezca, por muy adversa que se muestre la situación, siempre hay lugar para un sueño, pero para ello hay que luchar.
Y no; no es justo darse por vencido. No es justo para ti, que has pasado tantas horas imaginando como sería tu vida. No es justo para los de tu alrededor, aquellos que siempre han creído en ti y no han dejado de apoyarte. Nunca. Incluso cuando tú querías dejarlo todo.
Abandonar no es la solución, solamente la vía fácil.

Poco a poco, esa conversación se ha ido transformando en un diálogo sobre la manera que tenemos de expresarnos, de dejar aflorar todos los sentimientos que se refugian en el corazón y quitan  luz al  cerebro.
Anna ha reconocido que el lápiz y el papel le han ayudado en más de una ocasión, en la que solo el trazo de las palabras podía salvarla de su propia debilidad. ¿Qué puedo yo objetarle a eso? ¿Cuántas veces me habré visto en esa misma situación?; pensando que todo estaba perdido, que jamás llegaría a ningún sitio; sin darme cuenta de que mi mayor enemigo era yo misma.

Es increíble lo que una hoja en blanco puede llegar a hacer. 
Te abre la puerta a un mundo de creatividad y desahogo, donde tus pensamientos, tus sentimientos y todo aquello que no te has atrevido a verbalizar toma forma.

¿Quién dijo que el mejor confesor es la almohada? ¿Quién dijo que soñar es no tener los pies en el suelo?

Atrevámonos a soñar; atrevámonos a crear.

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